Monday, July 20, 2026
Saturday, July 27, 2024
KABIR
Poeta Medieval de La India, c. 14401.83
canda jhalkai yahi ghat mahín
La luna brilla en mi cuerpo,
pero mis ojos ciegos no pueden verla.
La luna está dentro de mí, ella es mi sol.
El tambor no golpeado de la eternidad
está sonando dentro de mí
pero mis sordos oidos no pueden escucharlo.
En la distancia un hombre clama por el Yo y el Mio,
sus actos se vuelven nada
Cuando todo el ego del Yo y el Mío muere,
el trabajo de Dios se cumple.
Porque los actos no tienen otro motivo
que obtener conocimiento;
y cuando este llega, los actos se alejan.
La flor florece para el fruto:
cuando el fruto llega, la flor se marchita,
El almizcle está en el ciervo, pero este
no lo busca en sí mismo:
él va en busca de hierba
Wednesday, November 25, 2020
A LAS PUERTAS DE LA IRA
Manuel Apodaca
La
puerta es la que elige, no el hombre.
Llevo la puerta al hombro
y en mi pecho,
tatuada la llave que la abre.
¿Qué
puerta me ha elegido?
Ésta que
se abrió hace tiempo
no
conduce a la gloria, tan solo me revuelca
en un
limbo de cúmulos concéntricos.
El
viento me escupe en la cara
mi andar
errante por alambres tensos,
mi rabia
ante la humanidad enferma.
Gritan afuera
supremacistas blancos
agitando
banderas neonazis y confederadas.
Sus
bocas de odio dislocan la armonía.
Los
pájaros que empollaban en la plaza
huyeron
al ver sus antorchas
y cofias
picudas
criminando
al rocío. Charlottesville
Virginia
12
de agosto
2017
La
avalancha impotente irrumpe violenta
deseando
legitimar el racismo
con
fuerza y terror.
Cuerpos
martirizados lavan la afrenta
de los
que no hacemos nada.
El líder
desde el púlpito concilia mentiras.
II
Horas de
duelo rugosas y amargas.
Hélice
baldía
blandiendo
temores.
III
¿Qué
puertas de mazmorras y letrinas
eligieron
a esos hombres?
Sí, las
puertas siempre abiertas del odio
y la
ignorancia,
con su
halo rosado y glamoroso machismo.
Puertas
que emiten gemidos delirantes, histéricos.
Un canto
sin medida
renace
en puertas libres.
Sus alas pintadas con rocío del cielo
y carbón terrenal
lo conducen a un mundo
de
falsos patriotas y putas célebres.
Cantos
peregrinos
traen
polvo en los zapatos,
el
camino los hizo paisaje y leyenda.
Suben
hasta el cielo
y se
confunden con el viento.
Friday, July 21, 2017
Tuesday, January 24, 2017
MAQROLL EL GAVIERO: SIN LUGAR SOBRE LA TIERRRA Y LLENO DE MUNDO
Álvaro Mutis en
Poéticas. Revista de Estudios Literarios
No. 3. Diciembre 2016
Resumen
En este estudio se analiza la obra poética del colombiano Álvaro Mutis (Bogotá 1923-México 2013) reunida en su antología Summa de Maqroll el Gaviero (2008). El estudio recurre a poéticas diversas y teorías sobre la literatura (Calvino 1988; Mallarmé 2008; Todorov 1984; Hutcheon 2000) y de disciplinas filosóficas como, el escepticismo y el estoicismo (Hazlitt and Hazlitt 1984; Svavarsson 2010; Foucault 2005; Montaigne 1898). En la filosofía de Maqroll, personaje central y alter ego de Mutis, es evidente la influencia del estoicismo clásico, así como la recurrencia a diversas formas del pensamiento occidental que abarcan el escepticismo, el anarquismo y, ocasionalmente, el misticismo. En franca oposición a lo establecido y lo común, el intelectual y poeta colombiano retoma lo mejor de cada forma de pensamiento sin comprometerse a fondo con ninguna, creando así un personaje singular que sobrevive a todos los embates de sus aventuras, abrazando la contradicción y la inercia, con la única certeza de que la muerte es su destino final. Mientras tanto, nos deja las enseñanzas de una vivencia a la deriva como lección única en un mundo donde ya todo está perdido. El autor llega de esta manera a la creación de una poesía reveladora y desencantada que, en sí misma, conlleva la liberación del espíritu por medio de la destrucción de atavismos y la negación de ideas superpuestas por las ideologías y el poder.Monday, August 29, 2016
La gran puta / Virgilio Piñera (Cubano)Cuando en 1937 mi familia llegó a La Habana
—uno de los tantos éxodos a que estábamos acostumbrados—
mi padre —como tenía por costumbre sanguínea—
se dio de galletas y se puso a echar carajos.
Llegaron exactamente a las diez de la mañana
de un día de agosto mojado con vinagre;
antes de ir a esperar el Santiago-Habana
tomé un jugo de papaya en Lagunas y Galiano,
y como el deber se impone al deseo
perdí a un negro que me hacía señas con la mano.
Por esa época yo tenía veinticinco años
y toda la vida resumida en la mirada:
años mal llevados porque el hambre no paga:
"Virgilio —me decía Oscar Zaldívar—
no te alimentas lo suficiente. Hay que comer carne..."
De vez en cuando me llevaba a La Genovesa
en la esquina atormentada de Virtudes y Prado,
donde Panchita, una italiana operática(,)
le decía doctor a Oscar y a mí no me decía nada.
Las calles eran vahídos y las aceras desmayos:
en la cabeza los versos y en el estómago cranque.
Corría a la casa de empeños sita en Amistad y Ánimas
buscando que me colgaran entre docenas de guitarras(,)
yo, empeñado, yo empeñando un viejo saco de Osvaldo
para trepar jadeante la cazuela del Auditorium
a ver El avaro de Moliere que Luis Jouvet presentaba.
Era La Habana con tranvías y soldados
de kaki amarillo, haciendo el fin de mes
con los pesos de los homosexuales;
entre los cuales, en cierta manera, me cuento, es
decir, en mi humilde escala: no osaría ponerme
a la altura de la Marquesa Eulalia, del Pájaro Verde,
del Jarroncito Chino, de la Pulga Lírica y del Marqués
de Pinar del Río, y aunque una noche, en el Don Quijote(,)
bailé sobre una mesa disfrazado de maja,
mi alarde palidece ante la magnificiencia
del Pájaro Verde dejándose degollar en el baño.
Según se mire eran tiempos heroicos, tiempos
que fueron cantados por guitarras alcoholizadas(,)
palabras tremendas que eran pronunciadas
con el filo de un cuchillo, mientras allá,
en Marte y Belona, los bailadores realizaban
la confusa gesta del danzón ensangrentado.
Esta gesta alcanzaba proporciones épicas
en el cuchillo de San Miguel: allí Panchitín Díaz
le decía con su voz aflautada a la putica debutante:
"Muchacha, tienes toda la vida por delante..."
y dando dos pasos se metía en la barbería de Neptuno
para entablar un diálogo funambulesco
con la corpulenta Albertino, que se hacía afeitar
una barba imaginaria.
Una noche en el Prado, con su pedazo de cielo
particularmente convulso sobre leones de bronce verde,
sobre leones que temblaban al paso del
Emperador del Mundo —un negro tuberculoso con
el pecho constelado de chapitas de Coca Cola—,
se comentaba con terror manifiesto
la frase ciceroniana de la mujer que se tiró
bajo las ruedas del automóvil de Lily Hidalgo de Conill:
"¡Habana, ábrete y trágame!"
Pero La Habana se hizo aún más rígida
para que ella pudiera ir hasta Colón sin baches,
para que esas noches las putas chancrosas
hicieran buenos pesos y para que lloraran los
sentimentales, entre los cuales también me cuento,
al extremo que podría ser nombrado presidente de
los sentimentales, y ahora precisamente
recuerdo al hombre que vi matar junto a la estatua de Zenea
con su mano convulsa aferrada al seno de mármol
de la mujer que eternamente lo acompaña.
Me pareció que llegaba el Apocalipsis,
pero justo en ese momento oí: "¨¡Maní tostao, maní!"
y metían por mis ojos anegados en lágrimas
un cucurucho de voluptuosidad cubana.
Mi amiga, la Muerta Viva, una puta francesa
que recaló en Sagua allá por el veinticuatro
compraba todos los días el periódico para
ver si en la Crónica Roja aparecía muerto
el cabrón, decía ella, que la dejó plantada en Sagua.
Pero como la vida manda, seguía abriendo las piernas
sin sentimentalismo de ninguna clase.
Yo, que mi destino de poeta me impidió la putería,
soñaba persistentemente con abrir las mías:
cuando el hambre aprieta, sueños monstruosos
se perfilaban en cada esquina, monedas del tamaño de
una casa me caían encima, y todo terminaba al compás
de una frita deglutida al compás de
"Bigote de Gato es un gran sujeto..."
Sin embargo, pensaba en la inmortalidad
con la misma persistencia con que me acosaba
la mortalidad, porque aún cuando viéndome
forzado a escuchar "la inmortalidad del cangrejo"
y ver al tipo pálido sentado en el café de
los bajos de mi casa, con un palillo en los
dientes y un vaso de agua sobre la mesa
pensando en las musarañas, yo me aferraba
a la mentira piadosa siguiendo al mismo
tiempo con la vista los sandwiches de pierna
que rechinaban en mis tripas.
Suaritos anunciaba a Ñico Saquito,
Toña La Negra quebraba la luna con su voz
de tortillera mejicana, Batista daba golpetazos
en Columbia, Patricia la Americana se momificaba
en un disco y Daniel Santos galvanizaba los solares.
Claro está, en la ciudad del sol constante
los fantasmas acostumbraban salir a plena luz:
los he visto acompañándome por Monte y Cárdenas
el día del entierro de Menocal, con ron peleón,
porque de eso el general prodigó, enchumbó, anestesió
y el champán para él y Marianita en París.
"Querida, me dijo Jarroncito Chino, hoy todo el mundo
está jalao, haremos ranfla moñuda,
ya el General templó lo suyo y nosotras moriremos
con un troyó papá bien grande adentro."
Así murió efectivamente. Destino cumplido,
vida realizada, strip-tease de pelo en pecho,
sacando palanganas de agua de culo(.)
Cuando se la llevaron había un Norte de
tres pares de cojones.
Estos son los monumentos que nunca veremos en
nuestras plazas, amorfas, sí, amorfa cantidad
de donde extraigo el canto, en cualquier parte,
bajando por Carlos III que entonces tenía bancos(,)
escuálido, tembloroso, con mi amorosa Habana
siguiéndome los pasos como perro dócil
entre años caídos retumbando como cañones
dejando la peseta en casa de la barajera
para saber (—)¿para saber?(—) si mañana entraré
en la papa... Un pelado en el Mercado Único,
un guarapo en el Mercado del Polvorín,
siempre avanzando, en brecha mortal,
buscando la completa como se busca un verso(,)
¡oh, inacabables calles, oh aceras perfumadas
con orine! ¡Oh, hacendados con pañuelos
impregnados en Guerlain, que nunca
me pusieron casa!
Solo en mi accesoria haciendo mis versitos
veía pasar La Habana como un río de sangre:
y como una puta más del barrio de Colón
los contaba de madrugada como si fueran pesos.


